Y por fin volví

Y por fin volví

Tras casi cuatro meses sin competir, y tras haber realizado la rehabilitación post- operación, por fin volví a disfrutar de la competición en el primer ranking nacional de la temporada.

Si os soy sincero, ni siquiera yo mismo pensaba que lograría acabar 3º. Y no porque me faltase motivación o porque no me vea capaz de lograr ese resultado, sino porque aún no estaba al 100% y me faltan muchas horas de entrenamiento.
La competición no empezó nada bien para mí: dos derrotas en los dos primeros asaltos de la poule (a priori no eran los más difíciles) y me empezaba a doler el tobillo. El panorama no pintaba nada bien… me quedaban cuatro asaltos muy complicados, me dolía el tobillo, y lo que era peor aún, tenía la moral por los suelos.

Tras perder el segundo asalto, me aparté de las pistas, me puse a escuchar música y empecé a analizar por qué estaba tirando mal y por qué no estaba disfrutando de mi vuelta a la competición. El tobillo no me permitía realizar una esgrima “bonita” ni con un amplio repertorio de acciones, así que busqué la forma de sacar lo mejor de mí dadas las circunstancias. Y sobre todo, ¡tenía que empezar a disfrutar!

Y precisamente eso hice. Gané los cuatro siguientes asaltos, y me clasifiqué para el cuadro de 32. Asalto cómodo hasta el 14-9 favorable. La de veces que me habrá dicho mi madre que no me confíe. ¿Y qué pasó? Que me confié y me llevé un buen susto. Al final me hice con la victoria por un ajustado 15-14. Faltó muy poco para quedarme fuera. Un tocado exactamente.

En el tablón de 16 me cruzaba con un amigo y compañero de entrenamiento, Álvaro Ibañez. Dominó prácticamente todo el asalto, aunque en ningún momento dejé que se escapara en el marcador. Y llegamos a la muerte súbita. La prioridad. Un minuto de asalto y tocado de oro. En guardia… listos… adelante. No pasó ni un segundo y toqué. Sabía que lo conseguiría y no dudé ni un segundo. Otro asalto en el que me podría haber quedado fuera. Pero estas victorias ajustadas me daban más fuerza y confianza. Además, ya estaba entre los ocho mejores, y ese era el objetivo que perseguía el domingo.

En el tablón de 8 me deshice de un portugués sin demasiados problemas (15-9) y en la final me esperaba mi mentor. Pirri. Otra vez. Yo estaba motivadísimo y convencido de que podría darle un susto. Le haría perder la paciencia e impondría mi ritmo en el asalto. Pues más bien pasó todo lo contrario. No tuve opción y me metió una paliza: 15-4. Él tiró muy bien y yo muy mal. En el momento me pillé un cabreo monumental. Había llegado a las semis, y la imagen que di fue lamentable. Más tarde, ya en frío, me di cuenta de que era muy (muy muy) difícil haberle ganado. Yo no estaba tirando bien (porque aún me falta mucho rodaje), el tobillo me dolía como en ninguna otra competición me había dolido antes, y sobre todo… ¡él estaba fortísimo! Se hizo con la victoria del torneo muy merecidamente.

Estoy muy orgulloso de haber logrado este resultado. Sobre todo por haberme sobrepuesto a ese mal inicio, y por haber tenido la cabeza suficiente para analizar la situación y buscar alternativas para alcanzar el objetivo. Ahora seguimos adelante con más fuerza y muchas más ganas. Enhorabuena a todos los medallistas y a sus respectivos maestros.

Go!

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