Felicitación de mí para mí

Felicitación de mí para mí

El otro día tuve la ocasión de echarle una mano a mi compañero de equipo y mentor, Pirri, en una actividad que organizó para un grupo de empresarios. Antes de vestirles de blanco y dejar que se batieran en duelo, Pirri dio una ponencia acerca de su camino hacia la medalla de bronce que ganó en los JJOO de Pekín 2008. Anteriormente ya había escuchado a Pirri hablar sobre su experiencia vital, pero siempre aprendo algo nuevo con lo que quedarme.

En esta ocasión, lo que más me llamó la atención fue algo que él llama la “Autorecompensa” (yo lo llamo autofelicitación). Pirri expuso que éste era uno de los componentes que le hizo ganar esa medalla, y esto me hizo recapacitar sobre este concepto. ¿Tan necesario es autofelicitarse o autorecompensarse cuando uno hace las cosas bien o logra un objetivo? No es que sea tan necesario, pero si es un ingrediente más para la consecución de objetivos.

Dándole vueltas llegué a la conclusión de que es imprescindible recompensarse a uno mismo cada vez que logras algo importante o haces un buen trabajo. ¿Por qué? Pues porque esto te motiva a seguir trabajando bien. Y la motivación es clave en el día a día. Pirri ponía un ejemplo claro en su ponencia:

Llega el día de la competición que llevo preparando durante un mes, trabajando duro cada día, dejándome la piel en cada entrenamiento, dirigiendo todos mis esfuerzos a llegar en un estado óptimo a ese día. Gano la competición (no por suerte, si no porque he trabajado como un campeón) y estoy pletórico por haberlo logrado. ¿Acaso no me merezco una autorecompensa? Es entonces cuando tengo que comprarme una camisa nueva, o irme a cenar con mi familia a mi pizzería favorita. No tiene por qué ser algo material, sino algo que me agrade y con lo que se vea recompensado todo el esfuerzo realizado. Y entonces esa será la camisa de la victoria de aquel campeonato, o la cena del triunfo.

Muy a menudo, tras cumplir un objetivo por el que hemos luchado incansablemente, esperamos una felicitación por parte de los que nos rodean: nuestro entrenador, nuestra familia, compañeros, etc. Sin embargo, no estamos acostumbrados a darnos la enhorabuena a nosotros mismos; a decirnos lo orgullosos que estamos de nosotros mismos. ¿Es que hay alguien que sepa mejor que nosotros lo que hemos sufrido para lograrlo? No.
Habrá a quién este método no le convenza, pero generalmente a todos nos viene bien pararnos a pensar y darnos cuenta de que estamos haciendo bien las cosas. Si encima tenemos un buen recuerdo de aquella competición en la que lo bordamos (como por ejemplo la camisa de la victoria), éste será un aliciente más para seguir machacándote cada día en el entrenamiento.

Así que… ¡felicidades Elías por vivir la vida intensamente!

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